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Alumnos de una escuela de Justo Daract fabricaron un bote con 300 botellas de plástico para concientizar sobre la contaminación

La iniciativa nació de una investigación realizada por chicos de sexto grado sobre la presencia de residuos en la ciudad. El proyecto busca promover hábitos responsables en el manejo de los desechos.

Alumnos de una escuela de Justo Daract fabricaron un bote con 300 botellas de plástico para concientizar sobre la contaminación

La iniciativa nació de una investigación realizada por chicos de sexto grado sobre la presencia de residuos en la ciudad. El proyecto busca promover hábitos responsables en el manejo de los desechos.

A partir de una pregunta que surgió en un aula de la Escuela N° 37 “Juan Bautista Alberdi”, en Justo Daract, un grupo de alumnos de sexto grado convirtió una preocupación cotidiana por la basura en un proyecto que combina investigación, creatividad y conciencia ambiental.

La iniciativa se llama “Sexto por el Río Quinto” y fue presentada en la Feria de Ciencias. Tras superar la instancia regional, los estudiantes clasificaron a la instancia provincial, donde participarán este miércoles.

“¿Por qué hay residuos en terrenos baldíos y otros espacios de la ciudad si el camión de la basura pasa todos los días y el barrendero, al menos, una vez por semana?” fue la inquietud que los motivó a buscar una respuesta.

A partir de esa pregunta, realizaron un relevamiento durante aproximadamente 20 días en distintos sectores de Justo Daract. Como los alumnos de la escuela viven en diferentes puntos de la localidad, pudieron obtener un panorama amplio de la situación.

“Lo que más veíamos eran botellas. No las contamos, pero notamos que siempre estaban en todos lados tiradas”, explicó el docente de Tecnología, Matías Rodríguez, quien acompaña el proyecto.

Los estudiantes fueron entonces a los comercios para investigar de dónde provenían esos envases. Entre 10 y 15 negocios consultados estimaron que se vendían alrededor de 3 mil botellas por semana, en su mayoría no retornables.

 

El siguiente paso fue relacionar esa problemática con el Río Quinto. Los chicos habían observado residuos cerca de sus orillas y comenzaron a pensar qué ocurre cuando una botella llega al agua y flota: “El problema no queda ahí, sino que va de viaje hacia otro lugar. Y si esa botella queda en la orilla, le sirve de contención a otros residuos, que son las bolsas y pañales, por ejemplo”.

El problema no termina allí. Según indicó, con el paso del tiempo y la exposición al sol y al clima, esos desechos comienzan a degradarse y pueden producir microplásticos, que afectan a la flora y la fauna.

Además, tuvo en cuenta la importancia de este recurso para el abastecimiento de la población: “La fuente de agua que tenemos en todas estas zonas es el Río Quinto, porque siempre y cuando no compres agua mineral, después el agua que tomamos es esa”.

De las botellas a un bote

Frente a esa realidad, los alumnos entendieron que limpiar una y otra vez no alcanzaba. La solución debía apuntar a generar conciencia.

“Nosotros vamos a limpiar diez mil veces y diez mil veces va a estar sucio. Entonces lo que tenemos que hacer es concientizar entre todos y entender que esto no es culpa de nadie, sino que es responsabilidad de todos”, sostuvo.

Así apareció una idea tan sencilla como ingeniosa: si una botella puede flotar, juntar muchas podía ser suficiente para construir un bote.

Los chicos se pusieron manos a la obra. La embarcación fue construida con 300 botellas plásticas, unidas mediante stretch, un material similar a una película plástica utilizada en la industria.

El bote fue realizado íntegramente por los alumnos. Rodríguez solamente los ayudó en la parte del ajuste de la estructura. Con una clase semanal, les llevó entre tres y cuatro encuentros terminarlo.

Una vez construido, llegó el momento de comprobar si la idea funcionaba. Los estudiantes fueron junto al docente y sus padres al río, fuera del horario escolar, y probaron la embarcación. Le colocaron una soga y los chicos pudieron subir bajo el cuidado de los adultos.

Ese resultado llevó al grupo a pensar en grande. La idea original era recorrer en el bote el trayecto entre Villa Mercedes y Justo Daract, buscando que la propuesta llamara la atención y sirviera para concientizar a ambas ciudades.

Con la idea ya avanzada, gestionaron los permisos correspondientes ante San Luis Agua y el ministerio de Educación. Por razones de seguridad y de acuerdo con los protocolos establecidos, los alumnos no pudieron subir al bote para navegar.

Sin embargo, el pasado 13 de agosto, fue Rodríguez quien realizó el recorrido, acompañado por otras personas que lo siguieron con kayaks.

El punto de partida fue el puente Oviedo, ubicado antes de Justo Daract, en el sector conocido como Villa Salles. El objetivo era llegar hasta el puente Cañada Verde, ubicado al finalizar Justo Daract, sobre la ruta hacia Villa Valeria.

Pero el bajo nivel de agua y los numerosos bancos de arena complicaron la navegación. El bote y los kayaks quedaron encallados varias veces y tuvieron que ser trasladados a pie hasta sectores con mayor profundidad.

Finalmente, no lograron llegar hasta Cañada Verde y terminaron el recorrido en un lugar conocido como el Bajo de Varas, en Justo Daract. Fueron alrededor de cinco kilómetros de navegación.

La experiencia, sin embargo, cumplió su objetivo: mostrar cómo los residuos pueden terminar en el río y reforzar la idea de que su cuidado es una responsabilidad colectiva.

“Sirvió para concientizar y mostrar que se contamina el río de esta manera y que tenemos que cuidarlo entre todos”, remarcó.

Un botellón para seguir concientizando

El proyecto no terminó con el bote. Los alumnos quisieron ir un paso más atrás en la cadena del problema.

“Es un dominó de cosas que van ocurriendo. Cae una botella, va viajando y todo lo demás. Entonces dijimos: ¿cómo podemos hacer para que esa primera ficha del dominó no caiga?”, ejemplificó el docente.

La respuesta fue otro proyecto: un gran botellón construido con la misma técnica que utilizaron para la embarcación, con botellas y el material plástico.

La estructura mide aproximadamente 2,40 metros de alto y 1,40 metros de ancho. La idea es instalarla en Justo Daract para que los comercios que venden artículos sueltos puedan retirar botellas y reutilizarlas.

El objetivo es que esos negocios coloquen en sus vidrieras un aviso para que los clientes, una vez utilizado el producto, regresen el envase en lugar de desecharlo. De esta manera, los recipientes podrán reutilizarse y se evitará que terminen tirados o flotando en el río.

Aprender fuera del aula

Para Rodríguez, el valor del proyecto va mucho más allá de la construcción de una embarcación. La experiencia permitió que los chicos investigaran, formularan preguntas, salieran a la calle y comprobaran por ellos mismos una problemática que habían detectado.

“Es increíble la respuesta de los niños cuando vos los sacás de la teoría, de escribir en el pizarrón, a cuando los llevás a vivenciar y ellos pueden hacer la aprehensión del conocimiento”, reflexionó y añadió que él, desde hace tres años, implementa proyectos relacionados con el cuidado del medio ambiente.

Los alumnos, de 11 años, terminarán en diciembre la primaria y en 2027 comenzarán una nueva etapa en la secundaria. Para el docente, se llevan algo más que la experiencia de un proyecto escolar: “Se van con el recuerdo de que han hecho algo realmente importante y muy bueno”.

Un mensaje que llegó más lejos que el bote

El impacto de la propuesta también sorprendió a sus protagonistas. La embarcación comenzó a aparecer en las noticias y el proyecto logró instalarse en la conversación pública de la provincia. Para Rodríguez, ese era precisamente el objetivo.

“Nosotros queríamos que la gente hablara de que teníamos que cuidar el río y que tenemos que ser responsables a la hora de los residuos: cuándo y dónde los tiramos”, sostuvo.

Por último, resumió el espíritu de la iniciativa con una idea que atraviesa todo el proyecto: “Si nosotros cuidamos el metro cuadrado en donde vivimos y somos responsables de eso, entonces las cosas van a cambiar. Si no, no hay manera de cambiarlo”, concluyó.

 

Fuente: El Chorrillero
 

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