
Analía Boasso: "Cuando un niño habla es porque necesita ayuda"
La licenciada en Psicología Clínica Analía Boasso dialogó con Malena Fontanari en el programa De Todo un Poco, de Radio Verdad, y reflexionó sobre la importancia de escuchar a los niños, reconocer las señales de maltrato y actuar ante cualquier sospecha de violencia.
La entrevista surgió a partir de la repercusión de las denuncias de violencia familiar que trascendieron públicamente en relación con los hijos de Romina Yan durante su infancia. A partir de ese caso, la profesional planteó la necesidad de dejar de minimizar las palabras de los chicos y prestar atención a las señales que muchas veces pasan inadvertidas.
“Por lo general, los chicos no hablan, si hablan sus cuerpos”, advirtió Boasso. En ese sentido, explicó que los cambios de conducta, la tristeza, el retraimiento y la pérdida de interés por el juego pueden ser señales de que un niño está atravesando una situación difícil.
La psicóloga remarcó que, cuando un niño finalmente logra contar lo que le sucede, los adultos deben tomarlo en serio. “Cuando un niño habla es porque necesita ayuda, porque percibe que hay una línea entre la vida y la muerte”, expresó, al describir la gravedad que pueden alcanzar estas situaciones.
La violencia no distingue condición social
Boasso también cuestionó la creencia de que el maltrato infantil ocurre únicamente en determinados sectores de la sociedad. Señaló que la violencia puede permanecer oculta tanto en contextos de vulnerabilidad económica como en familias atravesadas por la fama o el dinero.
“Los chicos son maltratados exactamente igual en un lado y en el otro”, sostuvo, y destacó que es necesario derribar los prejuicios que impiden reconocer la magnitud del problema.
Además, recordó que el maltrato no se limita a las agresiones físicas. También puede manifestarse a través de la violencia emocional, verbal y simbólica, así como en la asignación de responsabilidades que no corresponden a la edad de los niños, como hacerse cargo de hermanos pequeños o asumir el cuidado de una casa.
La profesional hizo hincapié, además, en el sufrimiento de aquellos chicos que presencian situaciones de violencia entre adultos y que, muchas veces, cargan con sentimientos de culpa por lo que ocurre en sus familias.
“Los secretos malos no se guardan”
Otro de los puntos centrales de la charla fue la importancia de generar espacios de confianza para que los niños puedan expresar aquello que les provoca miedo, vergüenza o angustia.
“Los secretos buenos sí se guardan, pero los secretos malos o lo que nos hacen daño, de eso sí se habla”, explicó Boasso. Para la psicóloga, enseñar esta diferencia puede ayudar a que los chicos se animen a contar situaciones que los lastiman.
En ese proceso, recomendó escucharlos sin juzgar, mirarlos a los ojos y evitar reacciones que puedan hacerlos sentir culpables o responsables de las consecuencias de lo que cuentan.
“Creerle al niño fundamentalmente, bajar a la altura del niño y mirarlo a los ojos cuando él me está contando esto”, señaló. También aconsejó no emitir juicios de valor sobre lo relatado, sino escuchar y buscar orientación en las autoridades competentes para determinar cómo actuar.
La responsabilidad de los adultos ante una sospecha
Boasso recordó que los profesionales de la salud, los docentes y otros actores tienen obligaciones legales de denuncia ante sospechas de maltrato. En ese marco, aclaró que no corresponde a quien detecta una posible situación de violencia demostrar que los hechos ocurrieron, sino dar intervención a las autoridades correspondientes.
“Nosotros sospechamos y llevamos a la justicia; después ahí ve la justicia qué hace. Nosotros no tenemos que probar si esto es cierto o no”, explicó.
También llamó a no permanecer indiferentes ante estas situaciones por temor a involucrarse. “Tenemos que tomar las medidas que sean necesarias y sí, a veces no la pasamos bien, pero le cambiamos la vida a ese chico”, afirmó. Y agregó: “Muchas veces ayudamos a que siga con vida”.
La psicóloga advirtió, además, que la preocupación social que despiertan los casos de violencia no debe desaparecer cuando dejan de ocupar la agenda pública. “Cuando nos asustamos todos vemos violencia en todos lados, pero cuando eso pasa de lo público, vuelve el silencio y es ahí donde tenemos que intervenir”, reflexionó.
La importancia de mirar, escuchar y acompañar
En el tramo final de la entrevista, Boasso señaló que las redes sociales y el uso de teléfonos celulares también plantean nuevos desafíos para la protección de las infancias. Mencionó riesgos como el grooming y el sexting, y subrayó la necesidad de que los adultos estén presentes y atentos a lo que sucede en la vida cotidiana de los chicos.
“Es muy fuerte: es verlos, es estar con ellos, es jugar un juego, es ver cómo juegan”, expresó, al destacar que acompañar a los niños requiere tiempo, atención y vínculos de confianza.
Como mensaje central, la profesional insistió en que los adultos deben aprender a reconocer tanto las palabras como las señales no verbales de los chicos.
“Los chicos hablan y, si no hablan, hablan los cuerpos, hablan las actitudes, hablan la conducta”, sostuvo.