
UNA FAMILIA NECESITÓ $ 1.876.722 PARA NO SER POBRE EN ABRIL
Informe IETSE de Abril 2026: Menor ritmo de precios no se traduce en mejoras concretas para los hogares; la mitad de la población recurre a asistencia o crédito para comer.
La economía muestra una desaceleración inflacionaria en términos técnicos, pero el panorama social continúa deteriorándose. El reciente informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) correspondiente a abril de 2026, si bien registra una inflación mensual del 2,63% (0,7 puntos menos que en marzo), advierte que esta moderación no es signo de recuperación, sino el resultado de una marcada contracción en el consumo.
Inflación impulsada por la recesión
La inflación del 2,63% en abril se explica, en parte, por una menor presión estacional en Educación y una moderación en Vivienda y servicios (que pasó del 5,6% al 3,9%). Sin embargo, la desaceleración más sensible se dio en Alimentos y Bebidas sin alcohol (del 3,6% al 2,1%). El IETSE es contundente: este menor ritmo en el aumento de alimentos "no responde a mejoras estructurales sino a una marcada contracción de la demanda, producto del deterioro del poder adquisitivo".
Con una inflación acumulada del 12,1% en el primer cuatrimestre, el país ya superó en 2,1 puntos porcentuales la proyección anual del Presupuesto Nacional 2026. La inflación interanual ya alcanza el 32,1%.
El drama del acceso a alimentos y la dependencia del crédito
El impacto de la persistencia inflacionaria y la caída del salario real se refleja con crudeza en los indicadores sociales. Para abril, la Canasta Básica Total que marca la Línea de Pobreza se ubicó en $ 1.876.722 y la Línea de Indigencia en $ 1.029.591.
Los datos de la Encuesta de Hogares son alarmantes:
- El 56,8% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA).
- De los que sí lo lograron, el 71,4% recurrió a asistencia estatal.
- El 52,8% redujo la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena.
- El 32,1% experimentó hambre sin poder satisfacerlo.
Un dato que subraya la fragilidad social es que el 88% de los hogares debió financiar la compra de alimentos (con tarjetas de crédito, fiado o dinero prestado). El informe advierte sobre signos de saturación en esta financiación: las tarjetas de crédito están al límite y los sistemas de fiado muestran una morosidad creciente.
Comercio minorista y el debilitamiento productivo
La combinación de inflación y pérdida de poder adquisitivo se traduce directamente en la actividad comercial. Durante abril, el comercio minorista de alimentos registró una caída interanual del -8,5% en volumen, confirmando la continuidad del proceso recesivo.
"Aun cuando el gasto nominal pueda sostenerse o incluso crecer por efecto de precios, los hogares compran menos cantidad de bienes, evidenciando una contracción real del consumo", señala el IETSE.
Conclusiones: La estabilización sin bienestar
El informe concluye que la economía atraviesa un escenario donde la narrativa de estabilización pierde consistencia. La menor inflación convive con una fuerte caída del consumo, un deterioro sostenido del ingreso real y un incremento del endeudamiento para cubrir las necesidades básicas.
Según el IETSE, sin una recomposición urgente del ingreso real y una reactivación del mercado interno, "cualquier mejora en los indicadores inflacionarios, difícilmente se traduzca en una recuperación efectiva del bienestar económico y social".